Hilarión con el tema del agua

—Quibo Beto.

—¿Cómo estás Hilarión? ¿Qué cuentas de nuevo?

—Con este tiempo, nomás se puede hablar del calorón que hace, las lluvias que llegan de improviso, el bochorno que se produce, y de la sed que da tanto sol, ¿no te parece? A propósito… invítame unos dos refrescos de cebada (cervezas) ¿puedes?

—Uf… ahora si me agarraste ahorcado, hasta mañana me depositan la pensión. Ahorita ando con el puro aliento, pero mira… me alcanza para dos botellitas de agua ¿gustas? Sigue leyendo

Zona peligrosa

Son las ocho y en la leonera comienza la noche, copas van, copas vienen, hay novedades, el animador acaba de anunciar a todo pulmón que hay jóvenes nuevas, ¡nuevecitas para todos ustedes! Que las han contratado en Zacatecas y Jalisco que otras vienen de la frontera, agrega que las hay que por primera vez probarán la cerveza. La concurrencia grita y se ríe porque no creen tanta coincidencia. Los parroquianos traen suficiente dinero unos han vendido a mitad de su valor algo de las utilidades que les pagarán en mayo, pensaron llevarse de vacaciones a la familia, pero a la hora de la hora, los cabeza dura han ido a vivir su noche, para olvidarse un rato de todo hasta de su miseria. Les traen botellas y ya animados por el alcohol, llaman a las niñas recién llegadas para que los acompañen. Las chicas los ven. El padrote les ordena que Sigue leyendo

Fábula de mi Tío Cornelio

Me contó que cuando tenía como doce o trece años, se quitó de carbonero, o mejor dicho nunca lo fue. El papá de él era quien hacía carbón y a él lo mandaba con dos burros cargados con ese combustible para que lo vendiera en el pueblo. Así que al menos dos veces por semana venía de las lomas de allá por las comunidades tendidas entre cerros y a eso de las nueve o diez de la mañana tenía que pasar por un lado del panteón. Siempre sin ningún problema, pero un día que por ahí caminaba, escuchó los lloriqueos y gimoteos de un niño y se fue acercando al Sigue leyendo

Mi compadre chocó su camioneta

Iba circulando por calles de Apodaca Nuevo León, calles con poca señalización para el correcto tránsito vehicular, como ya había entrado la noche, mi compadre Valentín llevaba las luces encendidas. Antes de cruzar por una, hizo cambio de luces. Señal que se recomienda para hacer notar a otro que no se ve y pedirle que tenga precaución. No hubo respuesta, si así hubiese sido, notaría también el cambio de luces pero nada. Por eso, confiado continuó su camino pero… Sigue leyendo

En esa pequeña ciudad

Se juntaron varios hombres con rivalidades de prestigio, de competencia comercial, empresarios y hasta con rencores heredados de sus respectivas familias por cuestiones de amor y de otra índole. La amenaza del peligro es común entre ellos y eso hace que se organicen en ese salón para usos múltiples aunque más bien se utiliza para eventos sociales, olvidando todo lo que normalmente los separa. Se encuentran los Martínez, Salazar, Hernández, Romero, Tovar, Aguirre y Sigue leyendo

Como tigre feroz II

Estoy contando un recuerdo viejo, añejo, rancio. Intento platicar como eran las cosas en mi pueblo allá por los años setentas del pasado siglo, cuando un señor rico, de acuerdo con las autoridades estatales y municipales, abuzaba de sus trabajadores y campesinos de ranchos circunvecinos. Hasta que los dominados se rebelaron al sometimiento. Lo ataron y en rastras lo llevaron hasta el kiosco del jardín lo colgaron pero, el agredido para no morir, les prometió devolverles sus tierras, cancelar las inventadas deudas que tenían con él, no exigirles más tributos ni abuzar de sus hijas y… Sigue leyendo

Como tigre feroz I

La calle principal del pueblo había sido invadida por una densa multitud que dificultaba el avance de la comitiva, todos querían saber de qué se trataba el borlote. Don Pepe con sus botas negras y chamarra de cuero, pantalón y camisa color caqui, de piel blanca, atraía poderosamente las miradas del gentío, querían golpearlo ya los tenía hartos. Acababa de salir de la cantina, lo había atraído el griterío de la gente, eran campesinos en su mayoría inconformes con él porque se aprovechaba de su nobleza e ignorancia, los engañaba haciéndolos firmar papeles en blanco diciéndoles que les iba a hacer algún bien, pero al final con las firmas que recolectaba solicitaba a su licenciado que elaborara acuerdos, cesiones, cambios de propiedades y cualquier otro acto en su favor. Tan perverso era que ya ni su esposa era dueña de nada de lo heredado de su padre, todo había puesto a su nombre. Sus corruptelas eran continuas, pero como no hay mal que dure cien años ni enfermo que lo aguante. Más de doscientas personas en montón frente a él estaban decididas a no dejarse más. Agitando machetes y palos le reclamaban a gritos su aprovechado proceder. Le exigían que les devolviera tierras, maquinaria, animales y que cancelara las supuestas deudas que les había inventado. Daba la impresión de que era una peligrosa insurrección contra el gobierno, pero no, era una simple protesta contra una persona ambiciosa. Sigue leyendo

Andrés Cabrera decía saber volar

Era fachoso, presumido y muy imaginativo, a los del barrio nos hizo creer que sabía volar, que él provenía de gente que tenía ese don, decía: “todo es cuestión de que mi abuela termine de arreglarme unas valijas de manta gruesa impermeabilizada que trajo mi papá de los estados unidos cuando fue a las piscas” eran cuatro y las estaba uniendo a pespunte con un hilo resistente que compró en México; que le había pasado la idea del diseño de como quería su nave. Debe tener la forma de un gigantesco plátano macho con una como trompa de elefante al centro para rellenarlo de aire caliente. Ya había conseguido que los ricos del pueblo le pagaran (poquito) por anunciar sus negocios. Claro que en los tiempos en que Andrés pronosticó su vuelo nadie le creyó, ni estaban seguros si serviría de algo ese invento suyo. Sigue leyendo